Lo Prado creció sobre la terraza fluvial norte del río Mapocho. Eso define todo. En los años 60 y 70 la expansión urbana avanzó rápido, y muchas estructuras quedaron apoyadas sobre depósitos granulares que nunca recibieron compactación controlada. Hoy, cuando se proyectan edificios de media altura o bodegas logísticas en el sector de Blanqueado o cerca de la Ruta 68, reaparece el mismo problema: arenas limosas sueltas con potencial de asentamiento diferencial. En nuestro equipo abordamos ese riesgo con diseño de vibrocompactación, una técnica que densifica el suelo en profundidad sin necesidad de excavar ni reemplazar material. La gracia está en la sonda vibratoria: penetra por su propio peso, reordena las partículas y reduce el índice de vacíos. El resultado es un bulbo de suelo competente, listo para recibir fundaciones superficiales. Antes de definir la malla de puntos, siempre chequeamos la respuesta sísmica del perfil con un ensayo MASW para calibrar la velocidad de onda de corte esperada tras la mejora. En Lo Prado trabajamos con parámetros de diseño validados en más de una docena de proyectos locales, ajustando frecuencia y tiempo de vibración según la granulometría real del depósito.
En la terraza del Mapocho, un bulbo de vibrocompactación bien diseñado reduce el potencial de licuefacción a profundidades de hasta 12 metros.
