La comuna de Lo Prado se asienta sobre la cuenca de Santiago, donde predominan depósitos de origen aluvial con intercalaciones de gravas arenosas y lentes de finos que pueden alcanzar profundidades considerables. En este contexto, el diseño de anclajes activos y pasivos exige un análisis estratigráfico detallado antes de definir la longitud del bulbo o la carga de trabajo admisible. El regolito superficial suele presentar compacidad variable, y la napa freática, aunque profunda en la mayor parte del sector, puede elevarse en períodos de alta recarga cordillerana, lo que obliga a verificar la estabilidad química del acero y la lechada de inyección. Cuando la obra contempla excavaciones profundas, combinamos la evaluación geotécnica con un ensayo de penetración SPT para correlacionar la resistencia del subsuelo, y con el estudio de estabilidad de taludes si los cortes superan los cuatro metros y existe riesgo de desconfinamiento lateral. Un anclaje mal concebido en estos suelos puede derivar en pérdida de carga diferida o en la rotura progresiva del bulbo, por lo que nuestro equipo técnico realiza verificaciones bajo las combinaciones de carga sísmica que establece la NCh433.Of1996 modificada en 2012.
La clave está en la longitud del bulbo y en la presión de inyección: un anclaje mal dimensionado en grava aluvial puede perder el 40% de su carga de servicio en menos de un año.
