Los suelos de la comuna de Lo Prado no son para nada homogéneos. Mientras que en los sectores cercanos a la Avenida San Pablo, hacia el norte, solemos encontrar depósitos de ceniza volcánica y sedimentos finos con una plasticidad que cambia drásticamente con la humedad, en las zonas que suben hacia el sur, lindando con Pudahuel, la presencia de arcillas más magras y limos arenosos es lo común. Esta variabilidad en solo unos pocos kilómetros es la razón por la que en Lo Prado un simple reconocimiento visual del terreno nunca es suficiente. Para nosotros, determinar los límites de Atterberg se vuelve el punto de partida para anticipar el comportamiento del suelo durante la excavación y la vida útil de la estructura. Un ensayo de granulometría nos da la distribución de tamaños, pero sin el dato de plasticidad el perfil geotécnico queda incompleto para cualquier diseño de fundación en la comuna.
El índice de plasticidad no es solo un número: es la diferencia entre una arcilla que se contrae agrietando una losa y una que se mantiene estable en el tiempo.
