En la comuna de Lo Prado, ubicada sobre los suelos de la cuenca de Santiago con una altitud cercana a los 500 metros, las edificaciones deben responder a una demanda sísmica que no da tregua. Un proyecto de 8 niveles en Avenida San Pablo, por ejemplo, no solo enfrenta el peligro del movimiento telúrico en sí, sino también la amplificación de ondas en los depósitos aluviales de la zona. La tecnología de diseño de aislación sísmica de base surge como una respuesta de ingeniería de alto nivel: en lugar de rigidizar la estructura para resistir el sismo, la desacoplamos del suelo. Esto reduce drásticamente las aceleraciones internas y los desplazamientos de entrepiso, protegiendo tanto la inversión en obra gruesa como los contenidos y la operación continua del inmueble. Complementamos esta especialidad con estudios complementarios de microzonificación sísmica para caracterizar el peligro en el sitio exacto.
Aislar la base no es un costo adicional: es la inversión más inteligente para mantener un edificio operativo después de un terremoto severo en la Región Metropolitana.
