La comuna de Lo Prado, asentada sobre depósitos aluviales del río Mapocho con presencia de suelos finos en sectores como Blanqueado, exige una aproximación rigurosa al diseño de pavimento flexible. Las variaciones estacionales en la humedad del terreno, combinadas con un tránsito mixto que conecta con la Ruta 68, obligan a calibrar cada capa del paquete estructural para evitar deformaciones prematuras. Un diseño de pavimento flexible mal ajustado a la capacidad de soporte local deriva en agrietamientos por fatiga y ahuellamientos que comprometen la serviciabilidad en menos de cinco años. Por eso integramos la caracterización del suelo de subrasante mediante ensayos de CBR in situ como punto de partida para definir espesores que cumplan con los ejes equivalentes proyectados.
Un pavimento flexible bien diseñado en Lo Prado debe resistir más de 10 millones de ejes equivalentes sin perder su serviciabilidad funcional.
