Lo Prado no siempre fue la comuna residencial que conocemos hoy. Su desarrollo urbano, acelerado durante la segunda mitad del siglo XX, se asentó sobre terrenos que antiguamente fueron parte del gran cordón agrícola poniente de Santiago. Esta transición de suelo rural a suelo urbano consolidado trajo consigo un desafío geotécnico particular: la necesidad de caracterizar depósitos sedimentarios heterogéneos y, en algunos sectores, rellenos no controlados de origen diverso. Aquí es donde la tomografía sísmica de refracción y reflexión se convierte en una herramienta de diagnóstico indispensable. A diferencia de los métodos invasivos, esta técnica permite obtener una imagen continua del subsuelo de Lo Prado, identificando cambios laterales de rigidez que una calicata o un sondaje puntual podrían pasar por alto. Para proyectos que requieren un conocimiento integral del perfil estratigráfico, esta mirada geofísica complementa de manera natural la información obtenida con sondajes SPT, aportando una visión bidimensional que ningún otro método ofrece por sí solo.
La tomografía sísmica nos permite ver lo que el ojo no ve: cómo cambia la rigidez del suelo de Lo Prado centímetro a centímetro bajo la futura fundación.
