Lo Prado, consolidada sobre antiguos terrenos agrícolas del sector poniente de Santiago, presenta una realidad geotécnica donde la heterogeneidad del suelo fino domina cada metro cúbico de excavación. El desarrollo urbano, acelerado entre los años 60 y 80, se asentó sobre depósitos aluviales del río Mapocho y suelos limo-arcillosos de plasticidad variable, que hoy exigen un conocimiento preciso antes de cualquier intervención estructural. La calicata exploratoria, como método de prospección directa, permite al ingeniero civil o calculista observar la secuencia estratigráfica sin conjeturas, tocar el material y obtener muestras inalteradas para ensayos de laboratorio posteriores. En esta comuna de más de 96,000 habitantes, una calicata bien ejecutada previene sobrecostos por encuentros inesperados con napas colgadas o lentes de arena fina que suelen aparecer apenas se supera el metro y medio de profundidad, muy típicos del abanico fluvial sobre el cual creció la ciudad.
En Lo Prado, la profundidad de reconocimiento con calicatas rara vez baja de 3 metros: las arcillas lacustres superficiales engañan incluso al ojo más entrenado.
